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¿Quien es Luis Lacalle Pou?; Así lo ven desde la BBC de Londres al futuro presidente del Uruguay

El joven próximo presidente de Uruguay recupera el gobierno para el partido Nacional 30 años después, el anterior su padre Luis Alberto Lacalle Herrera.

Quién es Luis Lacalle

En muchos sentidos, el mandatario de 46 años electo este domingo es lo opuesto al exguerrillero -38 años mayor- que fue noticia por ser «el presidente más pobre del mundo».

Lacalle Pou nació en una familia que es parte de los libros de historia de Uruguay, fue educado en las instituciones más prestigiosas del país, tiene una buena situación económica y vive en un barrio privado.

Pertenece al Partido Nacional, una de las agrupaciones políticas más antiguas del mundo, con 183 años de vida. Y quizás por eso sea difícil de encasillar ideológicamente.

A lo largo de su historia, este partido con fuerte arraigo en sectores rurales ha integrado un abanico amplio de posiciones desde la izquierda a la extrema derecha.

En la década de los 90 y de la mano de Luis Alberto Lacalle Herrera, padre del presidente electo, el Partido Nacional estuvo alineado con posiciones de apertura económica de las que hoy procura separarse.

Lacalle Pou también intenta alejarlo de las visiones más conservadoras en lo social, a las que históricamente estuvieron ligadas algunas de sus figuras.

El 1º de marzo de 2020 y hasta 2025 accederá al puesto que deja Tabaré Vázquez, quien en 2005 se convirtió en el primer presidente de izquierda del país y que, tras el mandato de Mujica, volvió al puesto en un balotaje donde venció justamente a Lacalle Pou.

Del mar a la arena política

Lacalle Pou tiene fascinación por el mar. Lo descubrió de niño, en los veranos en las costas uruguayas y en la casa de su abuelo materno, donde leía viejos ejemplares de National Geographic.

Quería ser biólogo marino, soñaba con convertirse en Jacques Cousteau y tener su propio Calypso, el famoso barco del oceanógrafo francés.

El gusto por el mar le despertó también el interés por el surf y por eso, de niño, siempre pedía a sus padres una tabla.

El primer deseo quedó por el camino, porque siguió los pasos de su padre y se convirtió en abogado. El segundo se cumplió y a los 11 años recibió una tabla de surf usada, que fue la primera de muchas.

Se convirtió en un surfista que recorrió playas uruguayas y del mundo, viajó kilómetros buscando olas y aguardó horas en el mar esperando el momento justo para correrlas.

En la soledad del agua tomó decisiones, esperó y retrocedió, superó dificultades, cayó varias veces y volvió a ponerse en pie sobre la tabla para cumplir su objetivo.

Todo lo que aprendió en el mar lo aplicó en la vida real, y después del revolcón electoral de 2014, que lo dejó tumbado en la arena política, Lacalle Pou se recompuso.

Definió una estrategia que analistas elogian y consideran de «casi perfecta«, por lo certera para lograr captar los imprescindibles votos por fuera de su partido.

Pero el ajustado triunfo de Lacalle Pou se explica tanto por aciertos propios como por errores ajenos.

Luego, eligió como compañera de fórmula a Beatriz Argimón, una exdiputada y reconocida feminista que tuvo un papel fundamental en la aprobación de la ley de cuotas y otras iniciativas de género, entre ellas algunas relacionadas con la violencia contra la mujer.

De esa forma, un partido que estaba rezagado en temas de género, mostraba una nueva cara en sintonía con la tendencia mundial que reclama más mujeres en política.

De hecho, Argimón es ahora la primera mujer elegida vicepresidenta de la historia de Uruguay, un país que todavía no ha tenido presidenta.

Tras la primera vuelta electoral , donde el Partido Nacional quedó segundo detrás del Frente Amplio, Lacalle Pou tejió lo que informalmente se llama una «coalición multicolor».

Se trata de una alianza con otros cuatro partidos que abarcan a casi todo el espectro político (desde la socialdemocracia hasta la ultraderecha) y de diversa trayectoria (desde uno con casi dos siglos de historia hasta otro con apenas 8 meses de vida).

Lacalle Pou se dedicó a recorrer el país junto a los líderes de estos otros partidos, cosechando adhesiones sobre todo fuera de Montevideo. La izquierda, por su parte, conservó su electorado más fiel en la capital del país.

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